
Podemos decidir qué recuerdos infantiles seguimos haciendo nuestros, todo pasa y todo llega, tanto lo bueno como lo malo, no ha solución solo no aferrarse a las cosas, ni buenas ni malas porque casi todo es pasajero, en este caso una persona se dirige a nosotros usando un apodo que solo escuchábamos cuando éramos pequeños.

Volver a las andadas, alguien nos llama por un apodo de la infancia y reconocemos de inmediato una forma de dirigirnos la palabra que parecía haber quedado atrás. No importa solo el nombre, sino quién tiene derecho a utilizarlo y en qué momento de nuestra vida vuelve a aparecer. En el colegio antiguo podría devolvernos cierta complicidad, en nuestro trabajo actual quizá nos incomode que una etiqueta infantil se imponga sobre la identidad que hemos construido.
Podemos sentir ternura si quien lo pronuncia compartió aquellos años, o distancia si lo dice alguien que no conoce la historia. El sueño permite pensar en las distintas versiones de nosotros que otras personas conservan y en que no estamos obligados a responder igual a todas. Si aquel apodo nos avergonzaba, podemos reconocer esa incomodidad sin tener que convertirla en conflicto. Si lo recordamos con alegría, también podemos disfrutar del vínculo con la infancia sin renunciar a cómo queremos que nos llamen hoy.
El apodo antiguo puede reactivar sentimientos sobre cómo nos veían y quiénes somos ahora.
Cuidado, mira donde caminas, mostrar especial atención en lo que pasa en el sueño también es importante, si respondemos con una sonrisa, quizá aceptemos esa parte de nuestra historia si exigimos que utilicen nuestro nombre, marcamos distancia con una etiqueta antigua no reconocer de inmediato quién nos llama puede representar el tiempo que ha pasado desde entonces, por ejemplo:
- Lo dice un antiguo compañero de escuela: La confianza previa puede volver cariñosa una palabra que fuera de ese contexto incomodaría.
- Lo pronuncian en una reunión de trabajo: Necesitamos decidir qué parte de nuestra historia queremos compartir allí.
- El apodo nos molestaba de pequeños: Su regreso puede recordarnos que hoy podemos expresar nuestros límites.

Las personas que aparecen en el sueño también nos puede dar pista sobre el mismo, si quien lo dice es alguien desconocido, quizá nos sorprende que un recuerdo íntimo parezca estar al alcance de otros si lo dice un viejo amigo, podemos recuperar cercanía con él si lo utiliza un desconocido, quizá nos incomode que sepa algo personal que nuestros compañeros actuales lo escuchen puede hacernos temer que nos juzguen por una versión antigua de nosotros, reconocemos si el apodo nos hacía gracia, nos avergonzaba o lo utilizaba alguien querido escucharlo de nuevo puede devolvernos de golpe a una época en la que los demás tenían una imagen de nosotros distinta de la actual, podemos sentir que una parte antigua de nuestra identidad reaparece de improviso el tono con el que nos llaman puede despertar cariño o incomodidad según lo que asociemos con ese nombre.
También es importante tener en cuenta los elementos del sueño el tono de voz resulta decisivo: Una llamada cariñosa no transmite lo mismo que una burla las fotografías escolares, un uniforme o un patio pueden reforzar el recuerdo si escuchamos el apodo repetido sin ver a nadie, aumenta el desconcierto, no confundimos un apodo afectuoso con uno que nos hizo daño tampoco significa que queramos volver a la infancia podemos estar revisando cómo hemos cambiado y qué partes de nuestro pasado preferimos conservar o dejar atrás.

Muchas veces habras escuchado que los sueños son mensajes de guías espirituales, este nos puede estar diciendo la juventud no tiene edad, lo que haces hoy, puede mejorar tu mañana y que que alguien que nos conoció hace muchos años podría reaparecer usando una forma familiar de llamarnos. Si el apodo nos sorprendía, quizá se abra una conversación sobre asuntos que quedaron sin aclarar.
~ María García. ~
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